
Había una vez, o quizá más
un pez solitario que vivía en alguna parte
entre las ideas y el cajón de historias olvidadas,
cada tarde o quizá mañana,
solía escuchar
la sinfonía silenciosa que creaba
el filtro de su pecera
y soñaba con despertar en la inmensidad azul
del cielo o quizá del mar
pero núnca lo lógro;
se dio quenta de que el
solamente existía en sus propios pensamientos.
- - - - - -
divagando

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